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El P.T. en su laberinto

Compartimos una nota del compañero Lito Pagés sobre los problemas del modelo brasileño y su repercusión en el Partido de los Trabajadores.

Los mismos viejos partidos que han hecho de la política un “negocio”, que han “mercantilizado” su práctica,  hoy acusan al P.T. de ser corrupto. Este parece ser el dilema que cruza transversalmente el sistema político en Brasil y que, particularmente, va delineando los límites que encuentra Dilma para llevar adelante su política y su programa de gobierno.

Los “campeones de la moral trucha”, los cómplices de las dictaduras militares, los que quieren inclinar a Brasil hacia el eje geopolítico llamado Alianza del Pacífico, diseñado por el imperio como respuesta a la construcción del MERCOSUR y la UNASUR, le han bajado el pulgar definitivamente al gobierno recién electo y pretenden su destitución a como dé lugar.

El precario equilibrio que sostenía la alianza política transitoria del Estado Brasileño (conducido por el P.T.) con el capital financiero global está llegando a su fin. Ahora, las multinacionales, los sectores conservadores, y los medios de comunicación hegemónicos como la Red O Globo quieren ir por todo, lo que conforma un escenario sombrío para el partido de gobierno.

Pareciera que el modelo implementado hasta el presente empieza a mostrar sus límites económicos y políticos, la crisis parlamentaria muestra hoy aquello que permanecía oculto: la disputa por el excedente económico y la conducción del proceso y la particular conformación de las bancadas en el Parlamento.

En efecto, el P.T. gana las elecciones pero no obtiene la mayoría de representantes en diputados como correspondería. La “ingeniería electoral” que da forma a su sistema de representación está diseñada para que no pierdan poder los sectores conservadores y obliga al P.T. para poder gobernar,  a realizar alianzas luego de ganar las elecciones con partidos de centro como el PMDB y de centro derecha, lo que lo va obligando paulatinamente a hacer concesiones que desnaturalizan su proyecto, amén de erosionar su credibilidad como organización política para realizar los cambios que la sociedad brasileña necesita.

Cómo se sale de este laberinto político es el interrogante del momento, sobre todo porque la persistencia del viejo esquema hace que de estas disputas salgan fortalecidas las antiguas élites conservadoras, refractarias a los nuevos diseños geopolíticos que abonan el camino del nuevo mundo multipolar.

Algo de esto se ha confirmado en la última elección y, por el lugar que ocupa Brasil en la geopolítica de la región y por el peso decisivo que tiene su presencia en instituciones como UNASUR Y CELAC, seguir por el mismo camino puede ser muy tentador para la vía diplomática pero, a esta altura del partido, implicaría poner el vino nuevo en odres viejos. Es necesario sacudir el árbol, movilizar las energías de cambio que existen en el pueblo brasileño y darle nuevamente la preeminencia a la política para pensar en la posibilidad de convocar al estilo de Correa en Ecuador, una Asamblea Constituyente que proponga la reforma del viejo sistema, a los efectos de lograr una mayor correspondencia entre los votos obtenidos y el nivel de representación parlamentaria, así como cambios en el modelo económico que le den preeminencia al Estado por sobre las pretensiones del “mercado”, con 250.000 millones de dólares de reservas se puede hacer algo más que aguantar el chantaje permanente de los “mercados”.

Habrá que ir construyendo los consensos necesarios, pero creemos que vale la pena el intento, porque de los laberintos solo se sale por arriba. Se podrá argumentar que no es el momento, que la relación de fuerzas no favorece en este momento al gobierno popular, pero, en ciertas circunstancias, aparece como necesario tomar el cielo por asalto, antes de que te asalten los que tantas veces te prometieron el cielo. 

Lito Pagés.